LITERATURA ARGENTINA ¿EL PRIMER CUENTO DE KAFKA? - Marco Denevi (UN CUENTO DE LOS 35)













...

EL JUEZ

Cuando fui citado a comparecer -como decía la cédula de notificación- en calidad de testigo, entré por primera vez en el Palacio de Justicia. Cuántas puertas, cuántos corredores! Pregunté dónde estaba el juzgado que me había enviado la citación. Me dijeron: a los fondos, siempre a los fondos. Los pasillos eran fríos y oscuros. Hombres con portafolios bajo el brazo corrían de un lugar para otro y hablaban un lenguaje cifrado en el que a cada rato aparecían las palabras como in situ, a quo, ut retro. Todas las puertas eran iguales y, junto a cada puerta, había chapas de bronce cuyas inscripciones, gastadas por el tiempo, ya no podían leerse. Intenté detener a los hombres de los portafolios y pedirles que me orientaran, pero ellos me miraban coléricos, me contestaban: in situ, a quo, ut retro. Fatigado de vagabundear por aquel laberinto, abrí una puerta y entré. Me atendió un joven con chaqueta de lustrina, muy orgulloso. Soy el testigo, le dije. Me contestó: Tendrá que esperar su turno. Esperé, prudentemente, cinco o seis días. Después me aburrí y, tanto como para distraerme, comencé a ayudar al joven de chaqueta de lustrina. Al poco tiempo ya sabía distinguir los expedientes, que en un principio me habían parecido idénticos unos a otros. Los hombres de los portafolios me conocían, me saludaban cortésmente, algunos me dejaban sobrecitos con dinero. Fui progresando. Al cabo de un año pasé a desempeñarme en la trastienda de aquella habitación. Allí me senté en un escritorio y empecé a garabatear sentencias. Un día el juez me llamó. -Joven- me dijo-. Estoy tan satisfecho con usted, que he decidido nombrarlo mi secretario. Balbuceé palabras de agradecimiento, pero se me antojó que no me escuchaba. Era un hombre gordísimo, miope y tan pálido que la cara sólo se le veía en la oscuridad. Tomó la costumbre de hacerme confidencias. -Qué será de mi bella esposa? -suspiraba-. Vivirá aún? Y mis hijos? El mayor andará ya por los veinte años. Algún tiempo después este hombre melancólico murió, creo (o, simplemente, desapareció), y yo lo reemplacé. Desde entonces soy el juez. He adquirido prestigio y cultura. Todo el mundo me llama Usía. El joven de saco de lustrina, cada vez que entra a mi despacho, me hace una reverencia. Presumo que no es el mismo que me atendió el primer día, pero se le parece extraordinariamente. He engordado: la vida sedentaria. Veo poco: la luz artificial, día y noche, fatiga la vista. Pero unos disfruta de otras ventajas: que haga frío o calor, se usa siempre la misma ropa. Así se ahorra. Además, los sobres que me hacen llegar los hombres de los portafolios son más abultados que antes. Un ordenanza me trae la comida, la misma que le traía a mi antecesor: carne, verduras y una manzana. Duermo sobre un sofá. El cuarto de baño es un poco estrecho. A veces añoro mi casa, mi familia. En ciertas oportunidades (por ejemplo en Navidad) no resulta agradable permanecer dentro del Palacio. Pero, que he de hacerle? Soy el juez. Ayer, mi secretario (un joven muy meritorio) me hizo firmar una sentencia (las sentencias las redacta él) donde condeno a un testigo renitente. La condena, in absentia, incluye una multa e inhabilitación para servir de testigo de cargo o de descargo. El nombre me parece vagamente conocido. No será el mío? Pero ahora yo soy el juez y firmo las sentencias.




Fuente: DENEVI, MARCO, Falsificaciones, Buenos Aires, Eudeba, 1966 (págs. 13-15)



Cita:


35 CUENTOS BREVES ARGENTINOS



Selección por Fernando Sorrentino


























Hamlet Lima Quintana

poeta, escritor y letrista Hamlet Lima Quintana. Autor de “La amanecida” con Arnedo Gallo, “Zamba para no morir” con Ambrós y Rosales, “Triunfo de las Salinas Grandes” con Ambrós, “Los pueblos de gesto antiguo” con Lazarte y la obra “ La Pampa Verde ” con Oscar Alem o la cantata al Che Guevara "Diario de un regreso", entre otras. Escribió los libros “Mundo en el rostro”, “El octavo pájaro”, “Edad del asombro”, “Taller del resentido y la muerte y los presagios”, “Cuentos para no morir” y “En distintas formas”, entre otras. Se fue un día jueves, cuando tenía 78 años. El escritor rosarino Juan Carlos Muñiz escribió en la contratapa del libro “Crónica de un semejante” un perfil de Hamlet Lima Quintana donde describe que “Hamlet fue poeta, fue bohemio, fue soñador, fue duende, noctámbulo, Comunista, mago, seductor, amigo, quijote. Fue un Hamlet hecho y derecho o izquierdo para ser justos”.









EL VIEJO VIZCACHA

martes, 30 de junio de 2015

El viejo VEizcacha." ELVIEJO VIZCACHA"
















Uno de los mejores momentos de La vuelta de Martín Fierro, la secuela de El gaucho Martín Fierro, que José Hernández escribió en 1879, está marcado por la presencia del Viejo Viscacha (tal la denominación que le da el autor y no “Vizcacha”, como se empeñan en denominarlo muchos docentes, críticos y reseñistas).
El Viejo Vizcacha personifica al gaucho bandido y ladino que aprovecha cualquier circunstancia para obtener una ventaja y que no duda en practicar el robo o el engaño para salirse con la suya. A este viejo sinvergüenza le otorgan el cuidado, en calidad de tutor, de uno de los hijos de Martín Fierro y es en el relato de éste cuando aparece resumida la vida y la obra de Viscacha. Dividido en cinco cantos – “El Viejo Vizcacha”, “Consejos del Viejo Vizcacha”, “Muerte del Viejo Viz
cacha”, “El inventario de sus bienes” y “El entierro”- los sucesos referidos sobre este personaje constituyen un auténtico libro dentro del texto mayor que los presenta.

Milonga

Milonga





La milonga es el ritmo musical típico de Argentina y de Uruguay. Sus diferencias con el tango son bastante acusadas, aunque tengan en común el  ritmo  de  2/4 ó  4/4. Las letras de la milonga son  más pícaras y el ritmo más “chispeante” y ligero que el tango. Pero milonga también se utiliza para denominar al lugar donde se baila tango, milonga e incluso otros bailes sociales.
Como baile y género musical, su origen es discutible, unos dicen que apareció antes que el tango otros que después. Lo que es indiscutible es que en un principio existía una música del campo, de la Pampa, que se extendió a las zonas arrabaleras del Río de la Plata conteniendo elementos afro, danzas criollas y europeas, de los inmigrantes y que era cantada (posteriormente se le añadió la danza).
Hacia 1900 apareció un tango-milonga, con un ritmo más alegre, más vivo, y cuyo baile  se realizaba sin quebradas (son las figuras eróticas del tango bailado en los arrabales) sin ese contacto de los cuerpos, no dejando sin embargo de ser un baile sensual.
Más tarde aparece la milonga ciudadana, llamada también urbana con el tema  Milonga sentimental  de Sebastián Piana, mientras que a la anterior se la denominó milonga campera, diferenciándose en el ritmo más vivo de la primera, pero siendo similares ambas al tango en cuanto a instrumentación. A esta también se la conocía como la milonga de los pobres. Resumiendo, la milonga bailada en las zonas rurales, la campera, influyó bastante en la creación del tango, sin embargo la milonga que hoy se baila, es descendiente del tango.

La milonga, si bien tiene pasos del tango (que habría que adaptar al ritmo milonguero), tiene sus propias figuras que hacen que sea singular. Lo básico es saber pisar el piso y llevar el ritmo. Ese sería el problema para un principiante: adaptar las pisadas al ritmo vibrante de la milonga.
La postura de los bailarines: Pueden estar con los torsos (forma de V invertida: Λ) en contacto o no, depende de la comodidad de la pareja, pero en postura cerrada, o abrazo, aunque en niveles avanzados se pueden realizar pasos sin contacto, en espejo. La mano derecha de la mujer puede estar en el bíceps del hombre, en el hombro, o en la espalda, dependiendo de la altura del hombre, pero siempre de forma relajada y sensual.

El paso estrella de la milonga es el denominado “baldosa”, ejecutado en seis tiempos, que  se puede realizar cerrando los pies o seguir caminando para enlazar con la siguiente figura.
Pasos básicos:
  • Baldosa ó salida de espalda en 6 tiempos
  • Progresivo en 4 tiempos
  • Progresivo con contratiempo
  • Balanceo
  • Caminada en tres
  • Puntillas
  • Puntillas con contratiempo
 Cita:http://www.muchomasquebaile.es/ritmos-y-estilos/modos-de-tango-argentino/milonga/

viernes, 26 de junio de 2015

Recuerdos: Juan Carlos Altavista










De origen humilde, los comienzos de Juan Carlos Altavista se remontan al Teatro Infantil Lavardén. En este teatro tuvo como compañeras a Julia Sandoval y a Beba Bidart, ya encaminado en el ambiente artístico aprendió de actores como Narciso Ibáñez Menta, Francisco Petrone y Luis Sandrini. Con Raquel Álvarez, su mujer de toda la vida, tuvo tres hijos: Maribel -esposa del comediante Miguel Ángel Rodríguez-, Ana Clara y Juan Gabriel. «Mi mujer, sinceramente es lo más lindo que me paso en la vida», diría Altavista dos años antes de morir.


Fotografía de Juan Carlos Altavista con autógrafo: «Recuerdo afectuoso de JC Altavista».
El personaje que lo hizo famoso fue Minguito Tinguitella, nacido de una idea de Juan Carlos Chiappe. Se trataba de un ciruja que trabajaba en la quema -como se le llama en Argentina al vertedero o basurero-, tirando de un carro. Vestía boina y alpargatas. Tuvo mucho éxito en radio y teatro.

Tiempo después Minguito se suma a Polémica en el bar, un sketch en el programa cómico televisivo Operación Ja Ja que más tarde se presentó como programa autónomo, con la participación de Jorge Porcel, Fidel Pintos, Javier Portales, Vicente La Russa, Mario Sánchez y Adolfo García Grau. Desde ese momento Minguito cambió su vestimenta, a raíz de un juego simbólico de Altavista que quiso hacerle un homenaje a su padre, a quien no pudo acompañar al fallecer. Más tarde, en un reportaje, el actor diría: "Me puse ropas de él. Su sombrero, el saco, la camisa, el echarpe, un cinto grueso de cuero. Y le agregué zapatillas de paño y palillo en la boca".

Altavista actuó además en numerosas películas de diversos géneros, en muchas de ellas con su personaje Minguito, destacándose siempre por su comicidad. Entre otros premios, en 1981 obtuvo el Diploma al Mérito de los Premios Konex como uno de los más importantes actores cómicos de Argentina, consiguiendo además el Konex de Platino.

Falleció el 20 de julio de 1989 de un ataque cardíaco, debido a que padecía una enfermedad llamada síndrome de Wolff-Parkinson-White, que le producía taquicardias paroxísticas (aceleración con descontrol del ritmo cardíaco).

Frases[editar]
«¡Que hacé’ tri tri!» (¡cómo estás, Strip Tease!).
«Hay que levantarle un manolito» (por monolito, y éste por ‘monumento’).
«¡Sé ’gual!» (‘es igual’).
«Escuchame... ¿y si la hacemos yirar?» (‘¿y si la hacemos trabajar como prostituta para nuestro provecho?’).
«¡Gomía!» (‘amigo’).





miércoles, 24 de junio de 2015

Horacio Guarany








Si se calla el cantor



Si se calla el cantor calla la vida
porque la vida misma es todo un canto.
Si se calla el cantor muere de espanto
la esperanza, la luz y la alegría.

Si se calla el cantor se quedan solos
los humildes gorriones de los diarios.
Los obreros del puerto se persignan,
quien habrá de luchar por sus salarios.

Qué ha de ser de la vida si el que canta,
no levanta su voz en las tribunas,
por el que sufre, por el que no hay ninguna razón
que lo condene a andar sin manta.

Si se calla el cantor muere la rosa,
de qué sirve la rosa sin el canto.
Debe el canto ser luz sobre los campos,
iluminando siempre a los de abajo.

Que no calle el cantor porque el silencio,
cobarde apaña la maldad que oprime.
No saben los cantores de agachadas,
no callarán jamás de frente al crimen.

Que se levanten todas las banderas,
cuando el cantor se plante con su grito,
que mil guitarras desangren en la noche,
una inmortal canción al infinito.

Si se calla el cantor... calla la vida.








Biografía, primeros años

Su padre, Jorge Rodríguez, era un indígena correntino, y su madre, Feliciana Cereijo de Rodríguez, había nacido en León(España).
Su padre trabajaba como hachero de la empresa británica La Forestal cuando el 15 de mayo de 1925, cerca de Guasuncho o de Intillaco, en pleno monte del Chaco Austral, nació el antepenúltimo de 14 hermanos, Eraclio Catalín, aunque fue anotado en la cercana localidad de Las Garzas, y quien pasará su infancia en Alto Verde (distrito que actualmente forma parte de la ciudad de Santa Fe).
De niño gustaba de la música, del canto, y aprendió a guitarrear con el maestro Santiago Aicardi. En 1943 viajó a Buenos Aires a intentar con el canto. Vivió en una pensión, y cantaba en el Barrio de la Boca, en el boliche La Rueda, sobreviviendo. Trabajó luego embarcado de cocinero, y también como foguista. .

Debut

Se inició con la Orquesta de Herminio Giménez, cantando música paraguaya y en idioma guaraní. En 1957 debutó en Radio Belgrano de Buenos Aires, consiguiendo que su interpretación de «El mensú» (de los hermanos Ramón Ayala y Vicente Cidade), se difundiera en las estaciones de radio.
Fue pionero del Festival Nacional de Cosquín en 1961, y fue un clásico, año tras año con conocidas composiciones como «Guitarra de medianoche», «Milonga para mi perro», «La guerrillera», «No sé por qué piensas tú», «Regalito» o «Si se calla el cantor».
Muchas de sus célebres composiciones musicales acompañaron las letras del gran poeta tucumano Juan Eduardo Piatelli, canciones como «Canción del perdón» o «No quisiera quererte», entre tantas otras.

Carrera



Después del derrocamiento de Juan Domingo Perón se afilió al Partido Comunista Argentino, participaba de actos partidarios y decía frases como: «Yo pertenezco al glorioso Partido Comunista», sin embargo, cree que eso no le ayudó en su carrera.
En 1972 filmó su primer largometraje Si se calla el cantor, con Olga Zubarry, sobre el triunfo de un cantante luego de malas experiencias.
En 1974, dirigido por el mismo director Enrique Dawi, filmó La vuelta de Martín Fierro, con Onofre Lovero, un relato de la vida de José Hernández y de su obra.
Durante el mismo 1974 recibe amenazas de muerte, atentados con bombas, de parte del grupo parapolicial Triple A (Alianza Anticomunista Argentina), es conminado a abandonar el país en 48 horas, y en diciembre debe exiliarse, primero en Venezuela, luego en México y finalmente en España.
La dictadura militar hace desaparecer todos sus discos, además de censurar la difusión de algunas canciones como «La guerrillera» o «Estamos prisioneros», entre otras.2Retorna en diciembre de 1978, y el 20 de enero de 1979 le ponen una bomba en su casa de la calle Manuel Ugarte, en Buenos Aires; decidió permanecer en Argentina, aunque debió realizar espectáculos sólo en el interior del país.
Con el retorno de la democracia, en diciembre de 1983, vuelve a brindar recitales y presentaciones televisivas. En 1989 apoyó la candidatura presidencial de Carlos Saúl Menem, que era su amigo personal. Afirmó haberle dicho: «Carlitos, yo sé que vos no nos vas a defraudar», y que de ahí salió la frase publicitaria que promovió a este político, pero en reiteradas ocasiones Guaraný aclaró que no fue menemista ni apoyó las medidas liberales de los años noventa.
En 1987 actuó en la Fiesta Nacional de la Tradición Frente al Mar en Miramar (provincia de Buenos Aires).
En 1989 adquirió una finca en Luján, llamada Plumas Verdes, según explicación del propio artista en su libro de memorias (Memorias del cantor), llamada así porque queda «en el regocijo del loro», con mucha arboleda añosa, y frutales. Sigue con su arte y oficio de cantar y de escribir hasta el día de hoy, aunque el 24 de octubre de 2009 hizo su último recital en el Luna Park, pero sólo se despidió de aquel local que lo viera más de 20 veces lleno en su carrera. En febrero de 2012 realiza una cuatrilogía contando su vida en forma musical en el Teatro ND Ateneo de Bs As, con 4 conciertos.
En 2015 vuelve a cantar en el festival de doma y folclore de Jesús María, Córdoba. Con 89 años realizo la presentación en el festival invitando al Chaqueño Palavecino a cantar con él.
Cita . wikipedia

martes, 23 de junio de 2015



















Primer periódico femenino











Primer periódico femenino

La Aljaba, primer periódico femenino de la época de Rosas

Aquietados los fantasmas de la guerra fratricida que había llegado a su punto más oscuro cuando Lavalle hizo fusilar a Manuel Dorrego en diciembre de 1828, la naciente Confederación Argentina se proyectaba como un sistema político ordenado, honesto y tradicional. Aquel “César de las Pampas”, como fue nuestro Juan Manuel de Rosas, emergía desde lo más profundo de la campaña bonaerense para trazar los lineamientos que aún hoy, a casi dos siglos de su encumbramiento en la política criolla, lo convierten en una figura descollante y de innegable mención toda vez que hablamos de un proyecto de país.

Fueron las particularidades autóctonas de su régimen, las que hicieron del rosismo una época fundadora, gauchesca y refinada a la vez, capaz de producir las expresiones populares más genuinas y jamás conocidas hasta entonces. Y como claro ejemplo de esa producción innovadora y muy nuestra, surgida entre 1829 y 1832, tenemos a la publicación La Aljaba, pionera en la historia nacional de un diario dedicado exclusivamente a la mujer.

Es una desgracia tremenda el que nadie recuerde este aporte fundamental de la prensa gráfica argentina cobijada por la administración de Rosas. Además, situémonos en el ámbito orillero, gauchipolítico, de facones ligeros y pulperías atiborradas que predominaba en la campaña, ampliamente mayoritaria respecto de los centros urbanos existentes, para darnos cuenta de la valentía que significaba sacar a la luz una publicación semejante allá por el mil ochocientos treinta y pico…

Características de la publicación

El prospecto o anuncio de La Aljaba, afirmaba que se trataría de un diario “Dedicado al bello séxo argentino”, o sea, el femenil. Agregaba, entre otra información, su aparición dos veces por semana –los martes y viernes-, y que su origen era la famosa Imprenta del Estado, situada en la nomenclatura del viejo Buenos Aires: calle de la Biblioteca Nº 89, y que recaía en manos de su público al modesto valor de 3 pesos fuertes de la época.

Quizás por un temor fundado más la osadía que lo alimentaba, en ninguno de los dieciocho números de La Aljaba apareció el nombre de su editora, quien siempre se limitaba a suscribir las publicaciones bajo el discreto y genérico seudónimo de La Editora. Esta forma de validar una nota, difería de la que sí realizaba el periódico El Lucero, en cuya última cuarta hoja aparecía el nombre de Pedro De Angelis como su editor responsable. En cuanto al formato, el diario femenino poseía 4 hojas y muchas de sus notas concluían en el número siguiente al de su aparición. (1)

Desde su primer número, surgido el 16 de noviembre de 1830, hasta su desenlace, el 14 de enero de 1831, La Aljaba fue un diario sincero en sus planteos, traducidos, básicamente, en la emancipación espacial de la mujer, en el fomento de su instrucción educativa y en la elegancia de sus formas, deberes y conductas. Nunca llegó al reclamo grosero o banal, como tampoco rebajó el rol de la mujer argentina a situaciones morbosas tales como, décadas más tarde, propuso el feminismo activista posmoderno.

Unas veces, llamaba a la concordia y el cese de las hostilidades entre unitarios y federales para beneficio de la patria; otras veces, sus hojas ponían debida atención a la importante figura materna de la mujer. Como en el Nº 11 de La Aljaba (21 de diciembre de 1830), una nota alienta a que las madres debían formar, antes que hijos sabios, hombres de bien: “¡Oh! Padres y madres!! No tratéis de formar sabios de vuestros hijos sin estar antes bien seguros de que habéis formado hombres de bien: á vuestro lado, bajo vuestra inmediata vigilancia es donde lo conseguiréis: velad sobre sus pasos desde que mueven sus pies: ponedlos lejos de personas que con su mal ejemplo destruyan vuestras obras…”.

Las más de las veces, había publicaciones que reparaban sobre los peligros del apego a la lujuria, o bien, en textos tendientes a explicar la “existencia de Dios en las obras”. Tampoco se omitía mencionar el amor de la mujer por el solar patrio, una de cuyas notas salió en su primer número: “Parece indudable que este amor á la patria tiene asentado su trono en el corazón mismo de las mujeres; de esto nos han dado pruebas bien convincentes, desde el tiempo más remoto hasta el presente, innumerables matronas, que se sacrificaron ante sus sagrados altares gustosamente”, dice La Aljaba del 16 de noviembre de 1830, página 3.

Una particularidad de la prensa rosista, ha sido la prolífica producción de poemas y letrillas que contenían sus páginas. Sobre el particular, La Aljaba no fue la excepción. Va un ejemplo:

Las damas, á quienes la Aljaba
Vá á consagrar sus desvelos,
Son dignas de los anhelos
De una lira más pulsada;
Mas, en su bondad confiando,
Espera ser escuchada,
No aplaudida; porqué en ello
No está su ambición fijada.
Ahora aspira á ser leída,
Y en otro tiempo apreciada.

A modo de conclusión, diremos que el final de estas curiosas y extrañas hojas dedicadas enteramente a la mujer, quien por entonces habitaba en un clima de tacuaras, sangre y hombres cojudos, fue abrupto, y al parecer producto de una discordia en que se vio envuelta la editora de La Aljaba con un “papelucho dominguero, falsamente nombrado la Argentina”, ruge en su última edición, la Nº 18. Según sus últimas líneas, el panfleto La Argentina osó abusar “de la prudencia que se ha tenido hasta aquí”, y de ello iba un comentario ofensivo: “Nadie insulta más al Sexo Argentino, que el que se pone polleras, para con ellas cubrir los calzones, y á título de mujer merecer consideraciones y respetos, que sabe no le rendirán aquellos”. Y prosigue: “Nadie se burla más que el que provoca con sus fastidiosos e insípidos artículos, a las damas al fausto, y lujo; y después de llenarlas las cabezas de tonteras, convida á los hombres á que se casen con ellas, llamándolos moscardones ¡qué inconsecuente escritor!! quiere que no se rían y desprecien sus disparates…..¡Buen modo de proporcionar enlaces ventajosos!!”. Se desprende, para el fatal desenlace de La Aljaba, un problema de prejuicios –muy común en aquel tiempo-, una inquina sistemática y el ser primeriza en cuanto al espacio otorgado en un medio a temas relativos al sexo femenino.

Referencia

(1) Para manifestar que una nota terminaba en el próximo número, se ponían, entre paréntesis o sin ellos, los términos Continuará o Concluirá.
En cuanto al nombre de la editora de La Aljaba, se ha dicho que la misma era una nacida en Uruguay, de nombre Petrona Rosende de Sierra, nacida en 1787 y fallecida en 1862.

Por Gabriel O. Turone


 www.revisionistas.com.ar





















Enrique Anderson Imbert
Argentina: 1910-2000

El leve Pedro

Durante dos meses se asomó a la muerte. El médico refunfuñaba que la enfermedad de Pedro era nueva, que no había modo de tratarse y que él no sabía qué hacer... Por suerte el enfermo, solito, se fue curando. No había perdido su buen humor, su oronda calma provinciana. Demasiado flaco y eso era todo. Pero al levantarse después de varias semanas de convalecencia se sintió sin peso.

-Oye -dijo a su mujer- me siento bien pero ¡no sé!, el cuerpo me parece... ausente. Estoy como si mis envolturas fueran a desprenderse dejándome el alma desnuda

-Languideces -le respondió su mujer.

-Tal vez.

Siguió recobrándose. Ya paseaba por el caserón, atendía el hambre de las gallinas y de los cerdos, dio una mano de pintura verde a la pajarera bulliciosa y aun se animó a hachar la leña y llevarla en carretilla hasta el galpón.

Según pasaban los días las carnes de Pedro perdían densidad. Algo muy raro le iba minando, socavando, vaciando el cuerpo. Se sentía con una ingravidez portentosa. Era la ingravidez de la chispa, de la burbuja y del globo. Le costaba muy poco saltar limpiamente la verja, trepar las escaleras de cinco en cinco, coger de un brinco la manzana alta.

-Te has mejorado tanto -observaba su mujer- que pareces un chiquillo acróbata.

Una mañana Pedro se asustó. Hasta entonces su agilidad le había preocupado, pero todo ocurría como Dios manda. Era extraordinario que, sin proponérselo, convirtiera la marcha de los humanos en una triunfal carrera en volandas sobre la quinta. Era extraordinario pero no milagroso. Lo milagroso apareció esa mañana.

Muy temprano fue al potrero. Caminaba con pasos contenidos porque ya sabía que en cuanto taconeara iría dando botes por el corral. Arremangó la camisa, acomodó un tronco, tomó el hacha y asestó el primer golpe. Entonces, rechazado por el impulso de su propio hachazo, Pedro levantó vuelo.

Prendido todavía del hacha, quedó un instante en suspensión levitando allá, a la altura de los techos; y luego bajó lentamente, bajó como un tenue vilano de cardo.

Acudió su mujer cuando Pedro ya había descendido y, con una palidez de muerte, temblaba agarrado a un rollizo tronco.

-¡Hebe! ¡Casi me caigo al cielo!

-Tonterías. No puedes caerte al cielo. Nadie se cae al cielo. ¿Qué te ha pasado?

Pedro explicó la cosa a su mujer y ésta, sin asombro, le convino:

-Te sucede por hacerte el acróbata. Ya te lo he prevenido. El día menos pensado te desnucarás en una de tus piruetas.

-¡No, no! -insistió Pedro-. Ahora es diferente. Me resbalé. El cielo es un precipicio, Hebe.

Pedro soltó el tronco que lo anclaba pero se asió fuertemente a su mujer. Así abrazados volvieron a la casa.

-¡Hombre! -le dijo Hebe, que sentía el cuerpo de su marido pegado al suyo como el de un animal extrañamente joven y salvaje, con ansias de huir-. ¡Hombre, déjate de hacer fuerza, que me arrastras! Das unas zancadas como si quisieras echarte a volar.

-¿Has visto, has visto? Algo horrible me está amenazando, Hebe. Un esguince, y ya comienza la ascensión.

Esa tarde, Pedro, que estaba apoltronado en el patio leyendo las historietas del periódico, se rió convulsivamente, y con la propulsión de ese motor alegre fue elevándose como un ludión, como un buzo que se quita las suelas. La risa se trocó en terror y Hebe acudió otra vez a las voces de su marido. Alcanzó a agarrarle los pantalones y lo atrajo a la tierra. Ya no había duda. Hebe le llenó los bolsillos con grandes tuercas, caños de plomo y piedras; y estos pesos por el momento dieron a su cuerpo la solidez necesaria para tranquear por la galería y empinarse por la escalera de su cuarto. Lo difícil fue desvestirlo. Cuando Hebe le quitó los hierros y el plomo, Pedro, fluctuante sobre las sábanas, se entrelazó con los barrotes de la cama y le advirtió:

-¡Cuidado, Hebe! Vamos a hacerlo despacio porque no quiero dormir en el techo.

-Mañana mismo llamaremos al médico.

-Si consigo estarme quieto no me ocurrirá nada. Solamente cuando me agito me hago aeronauta.

Con mil precauciones pudo acostarse y se sintió seguro.

-¿Tienes ganas de subir?

-No. Estoy bien.

Se dieron las buenas noches y Hebe apagó la luz.

Al otro día cuando Hebe despegó los ojos vio a Pedro durmiendo como un bendito, con la cara pegada al techo.

Parecía un globo escapado de las manos de un niño.

-¡Pedro, Pedro! -gritó aterrorizada.

Al fin Pedro despertó, dolorido por el estrujón de varias horas contra el cielo raso. ¡Qué espanto! Trató de saltar al revés, de caer para arriba, de subir para abajo. Pero el techo lo succionaba como succionaba el suelo a Hebe.

-Tendrás que atarme de una pierna y amarrarme al ropero hasta que llames al doctor y vea qué pasa.

Hebe buscó una cuerda y una escalera, ató un pie a su marido y se puso a tirar con todo el ánimo. El cuerpo adosado al techo se removió como un lento dirigible.

Aterrizaba.

En eso se coló por la puerta un correntón de aire que ladeó la leve corporeidad de Pedro y, como a una pluma, la sopló por la ventana abierta. Ocurrió en un segundo. Hebe lanzó un grito y la cuerda se le desvaneció, subía por el aire inocente de la mañana, subía en suave contoneo como un globo de color fugitivo en un día de fiesta, perdido para siempre, en viaje al infinito. Se hizo un punto y luego nada.

FIN





No hay comentarios.:

Publicar un comentario