Homenaje a Pichuco
BANDONEÓN ARRABALERO
Me jode confesarlo pero la vida es también un bandoneón; hay quien sostiene que lo toca Dios pero yo estoy seguro que es Troilo, ya que dios apenas toca el arpa, y mal.
Fuere quien fuere lo cierto es que nos estira en un solo ademán purísimo, y luego nos reduce de a poco a casi nada. Y claro nos arranca confesiones, quejas que son clamores, vértebras de alegría, esperanzas que vuelven como los hijos pródigos, y sobre todo como los estribillos.
Me jode confesarlo porque lo cierto es que hoy en día, pocos quieren ser tango. La natural tendencia es a ser rumba o mambo o chachachá, o merengue o bolero o tal vez casino, en último caso valsecito o milonga, pasodoble jamás.
Pero cuando Dios o Pichuco o quien sea toma entre sus manos la vida bandoneón, y le sugiere que llore o regocije, uno siente el tremendo decoro de ser tango, y se deja cantar y ni se acuerda que allá espera el estuche.
(Bandoneón, Mario Benedetti, 1974)
Poesía
Cuadragésima Tercera Palabra
Adónde vas, poeta nochernícola,
de austera sal, de halo melancólico?
Y el primo amor, o bien, el tu penúltimo?
Y el vaso azul? Erótico y arqueólogo,
te sientes bien, mi vate, muy católico?
Eres o no el juglar, el archimítico,
el facedor maniático, elegíaco
de tu canción? O estrilas de neurótico
talante, o vas de túnica, de báculo
por la vastura de la noche eólica?
Ay semoviente, australhumano mágico,
nómade Juan, desnudo en lo fonético!
(Ruta 5, divangando bajo el
pánfilo viento)
Juan Carlos Bustriazo Ortiz (Santa Rosa, 1929-2010), "Libro del Ghenpín", 1977, Herejía bermeja, Ediciones en Danza, Buenos Aires, 2008
Dato
El bandoneón y la guitarra, con sus sonidos característicos, unen la voz y el baile, mostrando al público un camino de diferentes sensaciones. La canción y la poesía, fieles testigos de la historia, nos expresan con su magia la riqueza cultural de nuestro país.
Espero que les guste y compartan conmigo, que estos recuerdos se comparten,
y así se disfrutan más...
No hay comentarios.:
Publicar un comentario